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La realidad del Renacimiento PDF Imprimir E-Mail

 

Si el nacimiento fue el principio,

¿ qué hubo antes del principio…?

si la muerte es el final,

¿ qué hay después del final…?

 

 

Mientras no podamos demostrar que algo no existe, tampoco podemos rebatir que probablemente existe. 

En las últimas décadas se ha investigado mucho sobre los fenómenos que tienen lugar al nacer y al morir, y más concretamente después de la muerte y antes del nacimiento. Los trabajos de investigación de diversos médicos, psicólogos, psiquiatras y tanatólogos revelan que, efectivamente, tras la muerte física hay actividad de la consciencia, y que de la misma manera el feto en el vientre materno es sensible y consciente a todo lo que experimenta la madre, absorbiendo todos sus estados psicológicos. Que las vivencias que experimenta el feto van a condicionar y determinar su futura vida ya no es ningún misterio, pero sí es algo nuevo que antes de la concepción misma exista algún tipo de actividad consciente. Ciertas personas con capacidades de percepción excepcionales han investigado más allá de la muerte, pero también más atrás de la concepción biológica, hallando sorprendentes descubrimientos que coinciden con lo que las antiguas tradiciones espirituales de muchas culturas del mundo siempre han sabido. El resultado de esas investigaciones aporta una nueva visión sobre la vida y la muerte, un panorama totalmente distinto a lo que la rígida y cerrada mente occidental está acostumbrada con su acercamiento materialista de la realidad. La conclusión innegable es que la muerte no existe, que hemos vivido muchas vidas, que no es la primera vez que nacemos, que hemos muerto y nacido muchas veces, que hay un espacio-tiempo entre vidas, y que muerte y nacimiento son sólo la entrada y la salida en el paso entre los mundos físico y espiritual.

Desprovista de misterio, fanatismo, distorsión y ambigüedad, la ley de Renacimiento o "reencarnación" es una realidad científica, un proceso de transición entre dos mundos, caracterizado por toda una serie de fenómenos corporales, energéticos, psicológicos y espirituales cuya misión es asegurar la continuidad de la consciencia en su trayectoria evolutiva.


El alma humana emplea las experiencias de la vida y vidas para ir creciendo hacia un estado de mayor integración y perfección por medio del  progresivo desarrollo de las cualidades humanas que llevan a un despertar de la consciencia. Es evidente que en el corto y limitado periodo de una vida no nos da tiempo material para desarrollar todas las cualidades que poseemos latentes, y es por ese motivo que la consciencia reencarna en diferentes cuerpos, personalidades, épocas y contextos para que poco a poco y logro tras logro se vaya desarrollando el “Yo”, para más tarde integrarlo con el Alma y luego dedicarse a ayudar a los demás a conseguirlo.


Para el Alma una vida es tan solo un día de colegio, un suspiro del espíritu, un latido en el corazón del cosmos. Si puedes captar la realidad de la ley de renacimiento y de la continuidad de la consciencia, conquistarás nuevos horizontes, tus límites se expandirán y tu mente se iluminará un poco más. Absolutamente todo lo que hemos vivido y experimentado en nuestra evolución como seres humanos está grabado en un depósito de memorias de nuestra mente y nuestra alma. Ese registro contiene en detalle todas las experiencias, situaciones y cruces vitales por los que hemos pasado a lo largo de las múltiples vidas que hemos tenido en este planeta como humanos. Es un registro comparable a ver una película de vídeo en color, pero con la diferencia que el protagonista es uno mismo y la grabación contiene todos los matices, sensaciones, emociones y estados con que se vivió cada experiencia del pasado. No estamos hablando necesariamente de regresión, sino de un registro al que se puede acceder de muchas maneras, y existen personas que han desarrollado la capacidad de acceso de una forma impresionantemente lúcida, objetiva y exacta. Yo tuve el privilego de conocer hace mucho tiempo a algunas de esas personas. Con su ayuda, he tenido la oportunidad y la “causalidad” de acceder a ese registro memorial de la información que se ha ido acumulando en mi consciencia a lo largo de mi evolución como ser humano.

Quizá te preguntes para qué me ha servido a mí conocer mis vidas anteriores, y te respondo que lo primero para comprender mejor mi vida actual, mis traumas y conflictos vividos, mi personalidad y carácter; en segundo lugar para emerger a la superficie de la consciencia aquello que estaba sumergido en las profundidades de mi inconsciente y poder transformar lo que no veía y boicoteaba mis actitudes, creencias y comportamientos desde la “trastienda”; y por si esto es poco, por último me ha permitido maravillarme de la aplastante y lógica coherencia de la Ley de Renacimiento y de la continuidad de la Consciencia dentro de ese camino que llamamos el desarrollo evolutivo del ser humano. Me ha aportado verdaderas respuestas, y un humilde respeto por la maravillosa mecánica universal y por cómo el Todo o Dios aprende a través de nosotros, sus personajes, a mejorar su obra. También he descubierto con el tiempo que ese conocimiento me ha permitido contribuir a desvelar, desmitificar y facilitar el tema de la reencarnación para que sea más accesible a todo el mundo.
 

Se dice que somos inmortales. Se dice que vivimos en diferentes planos de realidad a la vez. Se dice que vivimos en un eterno ahora, y que nuestra Chispa Divina se manifiesta al mismo tiempo en múltiples realidades. Se dice que no somos seres materiales viviendo una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales que están viviendo una experiencia material. Se dice que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, y que por lo tanto poseemos todas sus potencialidades y poderes. Jesucristo nos dijo que haríamos cosas tan grandes como las que el hizo y más grandes todavía. Buda nos dijo que somos dioses y que el problema es que no lo sabemos. Ortega y Gasset dijo que lo que nos pasa, es que no sabemos lo que nos pasa, y por eso nos pasa lo que nos pasa. Todos los grandes Maestros de la humanidad han enseñado la ley del Amor. La vida es una energía que experimentamos como fuerza amorosa. Tus abuelos les dieron la vida a tus padres. Tus padres te dieron la vida a ti. Tú has dado la vida a tus hijos, y tus hijos se la darán a sus hijos. Todos somos canales de la vida y de la fuerza del amor. Se dice que estamos en la Tierra para aprender, y la principal lección de todas es aprender a amar.

            Una vida puede durar muy poco, como habrás comprobado muchas veces a tu alrededor. Un accidente de coche, un cáncer de pulmón, un ataque al corazón, una seta venenosa o una piel de plátano pueden transportarte en un instante a otro mundo y desaparecer en éste. Recuerdo lo desorientada, confundida y  perdida que se encontraba la consciencia de un chico de 23 años que se mató escalando sin saber por qué se estaba viendo desde fuera su cuerpo muerto en el suelo.  Puesto que la vida física puede ser muy corta ( o muy larga ) y desaparecer en un instante, pregúntate qué estás haciendo aquí… Entre la primera inspiración al nacer y cortar tu cordón umbilical, y tu última exhalación al morir y abandonar este mundo, acumulas muchas experiencias vitales. ¿Qué has aprendido de cada una de ellas? ¿Has aprendido a amar más y mejor? ¿Cuántas veces has tenido la satisfacción de haber vivido provechosamente? ¿Cuantas veces has tenido la sensación de haber realmente aprendido y crecido en amor?. La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento, porque dejas que todo lo que te sucede penetre todo tu ser y deje en ti semillas de sabiduría. Si sólo vivieras una vida, tu consciencia sentiría la misma impotencia que si fueras un solo día a la escuela, a la academia o la facultad y no te ha dado tiempo a aprender prácticamente nada. Por eso necesitas venir muchas veces a la Materia; por eso tu Alma precisa volver a este mundo una y otra vez, para poder realmente aprender.

       En el viaje a través del tiempo de la evolución nuestra Alma se viste de múltiples personajes para poder aprender. Cada uno de ellos nos enseña cosas distintas; con cada uno de ellos aprendemos a amar y a odiar, a sufrir y disfrutar, a vivir y a morir, a expandirnos y contraernos, y todos ellos son igual de importantes en el devenir de nuestro viaje de aprendizaje y desarrollo interior. No hay ninguno de ellos negativo ni “malo”, sólo ropajes de carne, vestiduras materiales, cuerpos de creencia y emoción, actores y actrices en acción, interpretando su obra, ofreciendo experiencias vivas, regalando comedias y tragedias para que esa luz que somos pueda desarrollarse más y más a cada paso por la Tierra. ¿ De qué sirve temer a la muerte si morir es lo que más hemos hecho ?. Yo he muerto, como todos, de muchas maneras. He muerto del cólera, de viejo, envenenado, de un infarto, de infección por picaduras de mosquito, paralítico y ciego, de problemas respiratorios, de gangrena, de una hemorragia estomacal, enterrado vivo, y de muchas formas más. La muerte no existe, pues solo perece el traje físico, y hay disponibles tantos nuevos trajes como necesites en el armario del universo, están a tu entera disposición y para tu propio aprendizaje en esta escuela de evolución que es el planeta Tierra, uno de tantos.

Imagina que trabajas como creativo para una gran empresa y te dan un plazo de doce meses para diseñar y crear un pequeño parque temático. Sin saber nada sobre sus contenidos porque no lo has hecho nunca, en ese tiempo deberás aprender toda una serie de nuevos recursos personales y nuevas habilidades. Tendrás que aprender matemáticas, física y arquitectura para calcular estructuras, artes diversas para hacer los decorados, contabilidad y administración para gestionarlo todo, albañilería y carpintería para construirlo, y otras muchas nuevas capacidades. Lentamente, cada día del proceso creativo irás desarrollando más y más cualidades personales. Cuando al final de los doce meses hayas construido el parque, en el proceso habrás aprendido un montón de nuevos talentos y habrás desarrollado muchas capacidades que estaban dormidas en tu interior sin manifestar y que ahora pueden expresarse. Ahora, sustituye cada día de trabajo y aprendizaje de nuestra analogía por una vida física entera, y tendrás un pequeño atisbo de lo que puede representar para tu Alma una vida en la Tierra y el conjunto de todo un ciclo de vidas para alcanzar ciertos logros evolutivos y desarrollar ciertas capacidades y potencialidades latentes.


            Eres un ángel y un animal viviendo en el mismo cuerpo, en la misma casa. Tu animal sólo entiende un lenguaje : sobrevivir. Pero tu ángel viene a este cuerpo para evolucionar. El principio básico de la existencia (aspecto “vida”) es la evolución : evolucionar, o en otras palabras, ofrecer a la materia (aspecto “forma”) una energía vital que asegure su vitalización, animación, percepción, integración y perfeccionamiento. La meta de la evolución no es únicamente la supervivencia, sino el aprendizaje y el crecimiento, entendido como el proceso de perfeccionamiento de la materia imperfecta que le permite a la Consciencia manifestar su potencial de perfección. La forma básica de evolucionar de la Consciencia es la experiencia, la cual le reporta el aprendizaje que requiere para dominar la materia, perfeccionarla y manifestar todo su potencial a través de ella. Si como consciencia encarnas en el mundo material en diversas épocas, contextos, vestiduras y ropajes de carne, es precisamente para aprender en este plano de realidad que es el planeta Tierra. Todas tus diferentes “personalidades” vividas ofrecen a esa consciencia que eres la posibilidad de aprender de muchas maneras distintas, a cual más rica y provechosa.

El proceso que llamamos “Muerte” es el más oscuro, negado e ignorado del ser humano común, y cuando una persona muere comienza a experimentar un proceso con sus fases de múltiples fenómenos corporales, energéticos, psicológicos y espirituales que tienen lugar para todo ser humano que deja el traje físico y se enfrenta al desconocido más allá. Esas fases suponen en primer lugar la restitución del cuerpo físico a la tierra de donde procede, en segundo la eliminación de las envolturas emocional y mental o psique del individuo, que también deben “morir”, en tercer lugar la integración de la partícula de vida-consciencia al cuerpo espiritual de luz del que emanó antes de nacer en la Tierra, y por último el retorno a la materia por medio de una nueva personalidad humana para proseguir el desarrollo evolutivo de la consciencia allí donde se dejó.

Pero tarde o temprano la consciencia planifica un nuevo nacimiento, una “programación prenatal” que trata sobre el plan de acción que esa consciencia interna traza antes de renacer para poder proseguir con la consecución de ciertos objetivos evolutivos y el desarrollo de ciertas cualidades psicológicas y logros personales, según sea su grado de evolución y el punto exacto donde dejó el trabajo de integración personal al morir en la vida anterior. Aquí es poderosa la influencia que ejercen los factores externos y ambientales como el sexo, el país donde se nace, la familia, las circunstancias gestacionales y el entorno socio-cultural para favorecer la realización de dichos logros de aprendizaje, y cómo los arquetipos zodiacales y los denominados “7 Rayos” caracterizan la tipología psicológica con la que se va a nacer y la naturaleza de la nueva personalidad y sus formas de pensar, sentir, actuar, reaccionar y responder a las circunstancias y situaciones de la vida.

Todo el conjunto de nuestras vidas tejen un fascinante viaje a través del tiempo, y nuestra consciencia eterna es testigo de su progresiva encarnación en diferentes cuerpos, épocas, lugares y contextos para poder proseguir su desarrollo evolutivo. En cada una de esas vidas experimentamos un género, nombre y apellidos, mes y año de nacimiento, signos zodiacales ( solar y ascendente ), rayos de la personalidad, características personales de los padres o hermanos, crisis personales en cada etapa crucial de la vida y nuevo fallecimiento. Nada de ello es ficticio sino real, y constituye la historia evolutiva de cada uno de nosotros tal y como la hemos vivido en nuestro ciclo de encarnaciones, una información que duerme en cierto nivel de la mente inconsciente donde está registrada y oculta pero presente hasta el más mínimo detalle histórico, cronológico, geográfico y personal. A medida que avanzan las vidas subyace una lógica respecto a su continuidad evolutiva, de una a otra, que confirman el sentido progresivo del aprendizaje interno por el que la consciencia sigue encarnando en un cuerpo material en la Tierra. Vida tras vida, todos hemos ido enfrentando diversos retos, tribulaciones, experiencias, dramas, comedias, aventuras y desventuras que culminan en la actual personalidad que tenemos ahora, por lo que podemos afirmar que somos el producto de nuestras experiencias ( todas ).

La humanidad tiene mucha más historia y antigüedad que la que le atribuye la ciencia moderna, y por lo menos se remonta a 18 millones de años atrás. En tanto tiempo, se puede deducir que a razón de una vida por cada media de, pongamos, 150 años, podemos haber venido tantas veces al mundo físico como horas acude a la universidad cualquier estudiante universitario en toda su carrera.

Además sobrevive una memoria a través de las vidas, un mecanismo por el cual la mente humana registra y graba todo lo que vive y experimenta el individuo en cada situación de la vida y vidas, ya sea una situación positiva y placentera como negativa o traumática, y de una vida a otra arrastramos los ciclos de experiencia incompletos en forma de traumas por sanar y conflictos internos sin resolver, condicionando desde el inconsciente nuestras creencias, nuestras actitudes y comportamientos, nuestra conducta y la forma de relacionarnos con los demás y establecer los vínculos afectivos. Si un trauma de una vida concreta no se ha sanado, aparece en las vidas posteriores hasta que no es reconocido y transformado, puesto que lo que entendemos como “memoria” no se limita o circunscribe únicamente al cerebro físico ( un mero órgano del cuerpo ), sino que trasciende el espacio, el tiempo, y es un complejísimo entramado de experiencias condensadas a lo largo de muchas vidas, configurando una especie de constelación parecida a la forma en cómo las neuronas cerebrales se sinaptan entre ellas y crean conexiones infinitas, pero de una forma mucho más compleja, abstracta y amplia, ya que también creamos conexiones con el inconsciente colectivo y todo lo que se considera “transpersonal” y está más allá del individuo (arquetipos, mitos, grupos humanos, sociales o raciales, seres vivos orgánicos e inorgánicos, ancestros, formas de vida no humanas, etc.).

El ser humano es una entidad imperfecta en evolución, de origen no físico-terrenal, con un desarrollo evolutivo racial e individual, con otra anatomía invisible que está más allá de lo que captan nuestros ojos, y atravesamos el reino humano en nuestro devenir y perfeccionamiento hacia un reino superior. A medida que vamos avanzando grados en nuestra evolución y nivel de consciencia, el radio áurico o tamaño del campo energético que emana del cuerpo va creciendo y expandiéndose, irradiando cada vez más cantidad y calidad de luz y fuerza amorosa. En ese viaje de evolución atravesamos diversos estados de consciencia a medida que nos desarrollamos espiritualmente : ser humano común, intelectual, aspirante, discípulo, iniciado, maestro, etc. Todo ello nos permite entender que el ser humano es, efectivamente, una entidad imperfecta que está en continua evolución y perfeccionamiento, y que es por ese motivo que hemos de venir a encarnar a la materia tantas veces.

La visión y actitud actual de la ciencia ante la muerte evidencia que el egoísmo y el apego son las ataduras del alma a la Tierra, y necesitamos nueva luz sobre la eutanasia y la vida asistida. Hemos de entrenarnos para ayudar a morir y saber acompañar a las personas que fallecen y realizan el tránsito desde el mundo físico hacia el mundo espiritual. Un atrevido y valiente ejercicio consiste en enfrentarte a la muerte en lugar de rehuírla y prepararte en vida para allanar el terreno de tu destino.

Todos hemos ocupado más cuerpos de los que podemos contar, y la mal llamada "muerte" no es sino una puerta, una transición hacia otros planos del Ser y hacia otras dimensiones de la realidad que desconocemos tanto como el mundo de los átomos o de las galaxias. Yo he tenido el privilegio de tener acceso al conocimiento de varias de mis vidas anteriores, que he explicado detallada y abiertamente en el libro "Mis Vidas" para que mi ejemplo ayude a esclarecer la realidad del Renacimiento. Si estás interesado de verdad en conocer tus vidas anteriores, y tu curiosidad es la de aprender y crecer de ese conocimiento, estoy abierto a ayudarte.

            Ricard Montseny Palau ( Contacta conmigo )

 

 

  El texto de este artículo está extraído del libro "MIS VIDAS", de Ricard Montseny. Si deseas más información o adquirirlo, pincha aquí :

 

 
 
 
 
 
 
 


 
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