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Cada experiencia que has vivido en tu pasado ha dejado una huella y
un registro en la memoria de tu cuerpo
y tu mente, una grabación, una auténtica “programación”. La psicología ha
denominado “engrama” a esa huella grabada en el cuerpo-mente, especialmente en el
inconsciente, y el hinduismo los llama “sanskaras”. Cada engrama actúa como un
chip, un verdadero programa que desde el sistema de registro o disco duro de tu
inconsciente te dice cómo has de comportarte, cómo debes pensar, sentir e
incluso reaccionar en cada situación. Si un niño de dos años se pilla los
dedos con una puerta, en su mente quedará grabado el engrama “puerta =
dolor”, y en el futuro cada vez que vea una puerta, sin saberlo le tendrá
miedo, porque la grabación le dice que las puertas producen dolor. Si una mujer
vive su primera experiencia con la figura del hombre como un abandono, y no
hace falta que sea un novio o pareja porque puede ser el propio padre en la
infancia, grabará el engrama “hombres=abandono”, y en la vida adulta esa
mujer no podrá tener relaciones satisfactorias con los hombres porque hay un
programa que le dice a su mente que la van a abandonar. ¿ Entiendes cómo funcionan
los engramas ? Ellos han estado condicionándote desde la trastienda toda tu
vida sin saberlo, y no lo sabes porque la mayor parte de esas programaciones se
registraron en etapas tan tempranas de tu desarrollo que las has relegado al
inconsciente y olvidado por completo, pero desde las profundidades muchas de
ellas boicotean tu vida y tus relaciones, haciéndote la zancadilla tú mismo.
¿ Para qué nos sirve saber todo eso ? Pues para algo muy
importante, sin duda. Te sirve para entender que si no cambias el “programa”,
nunca podrás ser feliz y siempre te estarás boicoteando sin darte cuenta. Para
establecer relaciones sanas y aprender a amar de verdad es imprescindible que
modifiques la información de tus engramas negativos ya que si no siempre
estarás dando palos de ciego. Y para cambiar el registro de tus engramas debes
quitar conscientemente el componente negativo y contaminado de ese engrama o
grabación y sustituirla por otro componente positivo que te de la orden
contraria a lo que había registrado. Por ejemplo, si el chip es “hombre ( o
mujer ) = abandono”, el componente negativo aquí es “abandono”, ya
que la figura del hombre o de la mujer es neutra y no implica para nada ninguna
carga o connotación en sí misma, pues dependerá de la carga emocional o
significado que le dé nuestra mente
según lo experimentado en las experiencias del pasado de cada uno.
Entonces la sustitución se basa en buscar hombres ( o mujeres ) que sean
capaces de acompañarte, quedarse contigo física, afectiva o espiritualmente, mantenerse
a tu lado sin abandonarte, hombres ( o mujeres ) que te proporcionen la
cercanía, la proximidad, el contacto, el calor humano, el afecto y la intimidad
que necesitas. Dirás : “ ¡ Pero eso es muy difícil...! ”, y ahí es donde
se ve el engrama en acción. El trabajo real consiste en pedirle abiertamente a uno o varios hombres ( o mujeres ) de
confianza en tu vida, a tu terapeuta o a tus verdaderos amigos y amigas, que te
den esa compañía, proximidad, calor y cariño que necesita tu niño o niña
interior para sentir la necesidad vital satisfecha, y sobre todo abrirte a recibirlo. Si lo haces
frecuentemente y repetidamente, el componente negativo del engrama poco a poco
irá siendo sustituido por el positivo, hasta que llegará un día que la
programación se habrá cambiado y el nuevo engrama será ”hombres ( o mujeres
) = compañía y cariño”. La transformación se ha producido, y tu mente
inconsciente dejará de boicotearte dejando de atraer hombres o mujeres que te
abandonan. Se trata de cambiar toda una programación o registro de información
que le decía a tu personalidad el modo de comportarte en la vida y el tipo de
experiencias, personas y situaciones que atraías.
Cuando ese niño que se pilló los dedos en una puerta a los dos
años, ya de adulto estuvo varias veces comiéndose un bombón, escuchando a
Verdi, contemplando una puesta de sol, acariciando a un gato y oliendo a rosas,
cosas todas ellas que le proporcionaban mucho placer (lo contrario de dolor),
llegó un momento en que el engrama se modificó y ese componente de placer acabó
sustituyendo y echando fuera al componente de “dolor”. Y ese adulto-niño
ya nunca más le tuvo miedo a las puertas. El trabajo consciente con los
engramas es mucho más poderoso de lo que parece a simple vista, y es una
herramienta curativa y transformadora muy grande. Aunque en la acción estamos
aprendiendo a satisfacer nuestras necesidades básicas y carencias, en el fondo
también estamos modificando los programas de nuestro disco duro y transformando
las grabaciones de base que nos dicen quién somos, cómo debemos comportarnos, y
qué tipo de experiencias y personas ha de haber en nuestra vida. ¡ Casi
nada.....!. Es ir al núcleo del núcleo, a la raíz de nuestros problemas
existenciales, a la causa real de lo que no funciona en tu vida.
Los engramas son los “chips defectuosos” que arrastramos desde el
pasado como traumas y conflictos sin resolver. Al igual que las
experiencias positivas y de crecimiento, los engramas se graban y
registran en
vida en el inconsciente, y aunque olvidadas, esas experiencias vividas
constituyen
auténticas grabaciones y programaciones que se arrastran en forma de
tendencias y patrones de creencia-actitud-comportamiento hacia la vida
adulta. Cada engrama es una constelación o conjunto de
recuerdos físicos, emocionales y mentales de gran carga energética,
procedentes
de experiencias de diversos periodos de una vida, y con un tema vital,
trauma o
vivencia física o emocional similar. Podemos considerarlo una
“experiencia
condensada”. Los engramas aparecen en el inconsciente como auténticas
constelaciones vivas, dinámicas y complejas, que gobiernan nuestra vida
consciente e influyen directamente en la manera en que nos percibimos a
nosotros mismos, pero también en como percibimos a las demás personas,
el
mundo, y al modo en que pensamos, sentimos, respondemos y actuamos.
Constituyen
también las fuerzas dinámicas que se esconden detrás de nuestros
síntomas
físicos, actitudes emocionales, estados de ánimo e incluso
enfermedades, así
como detrás de los conflictos en nuestras relaciones y nuestros
comportamientos
irracionales. Aunque sean inconscientes y provengan de muy atrás, los
recuerdos de los traumas físicos o emocionales contienen una carga de
dolor muy
fuerte, carga energética que juega un importante papel en la génesis de
los
trastornos emocionales y de las enfermedades psicosomáticas, las
neurosis y las
psicosis.
Aquellos engramas que no se
resuelven se siguen arrastrando a la espera de ser traídos a
la luz de la consciencia y de ser revividos e integrados, con los consecuentes
efectos terapéuticos, sanadores y evolutivos que comporta el hecho de
comprender las crisis personales y de transformar lo que debe ser transformado. Los acontecimientos y
situaciones externas de nuestra vida activan los engramas latentes en el
inconsciente, que al activarse y re-estimularse hacen que nos percibamos y
comportemos de forma que podamos recrear sus temas centrales en el
presente, y así resolverlos. Utilizamos sin saberlo el fenómeno universal de la
proyección ( el mundo como espejo ) para proyectar en cada situación o persona
el tema pendiente con nosotros mismos, aunque muchas veces ese espejo esté un poco distorsionado por nuestros miedos, ya que
nuestra percepción de nosotros mismos y del entorno físico y humano que nos
rodea se distorsiona y deforma según el motivo básico del engrama emergente.
Puesto que el Alma siempre desea que enfrentemos y resolvamos nuestros temas
pendientes sin resolver, la tendencia del inconsciente es que un estímulo externo
( o un conjunto de ellos ) active el correspondiente engrama para facilitar así
la emergencia de su contenido, ya que de otra manera no se podría resolver
mientras siga dormido y latente en el inconsciente, fuera de la vista. Así que
si te encuentras con situaciones mundanas que no te gustan o despiertan y
mueven en ti cosas desagradables, no le eches la culpa al destino y vayas de
víctima, sino que con toda tu responsabilidad personal, “pon toda la carne en
el asador” y asume la autoría de las lecciones evolutivas que todavía tienes
pendientes, que se te presentan una vez más delante de ti para
que tengas una nueva oportunidad de reconocerlas, enfrentarlas y resolverlas de
una vez por todas, o por lo menos ir un paso más allá en su aprendizaje.
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